El Arte de Descubrirte

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Durante mucho tiempo fui adicta a mi trabajo. Entonces me dedicaba fervientemente a “hacer”, sabiendo que ese “hacer” era también expresión del “Ser”, de mi ser. Cuando hacemos, mostramos nuestros dones, habilidades y  talentos,  pero eso es únicamente una parte, una cuota muy limitada, de lo que en realidad  somos en esencia.

Con el transcurrir del tiempo, descubrí que aquel ciclo que tanto disfruté, ya se estaba agotando. Descubrí  que empezaban a cansarme  las larguísimas horas de espera en un estudio de TV para grabar las escenas de mis telenovelas. A pesar de que amaba actuar,  y de que acondicionaba el camerino para mitigar esas prolongadas horas muertas, ya no sentía el mismo entusiasmo. Solía invertir mucha energía  gestando mis  personajes y sus historias, lo que  me mantenía bien ocupada, entusiasmada e inspirada, aunque, a veces todo aquello se me convertía en un apretado y asfixiante corsé. Era de esperarse que me sucediera, porque en los trabajos ocurre como en la vida misma, donde unas son de cal y otras de arena. Siempre eché mano de todos los recursos posibles para sobrellevar esos vacíos ….escuchar radio, disfrutar alguna música, leer libros, prensa, revistas, etc.  Además, consumía mi tiempo agregando más sustancia a mis actuaciones, en los cuadernos que dedicada a cada personaje, donde les creaba su propia “bitácora de vuelo”, registrando en ella sus vidas, sus  historias, su psicología,  y todo lo que se me pudiera ocurrir para alimentar el proceso creativo, e incluso para  mejorar la caracterización de su vestuario y de su desarrollo emotivo.

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Incluso, llegué a llevarme unos creyones y un block para hacer dibujos, garabatos, ¡lo que me saliera! Eso me lo copié de Orlando Urdaneta, quien andaba con sus carboncillos y sus cartulinas durante los días en que grabábamos “El País de las Mujeres”, para aprovechar esos larguísimos lapsos de espera, cuando ya teníamos debidamente aprendido el libreto con su letra. Hacíamos cualquier cosa para gastar el tiempo: ensayábamos, manteníamos deliciosas charlas, pintábamos, y todo ocurría mientras la vida afuera seguía su curso.

Esto me trae a la memoria una de las muchas  conversación que tuve con el l Gran Raúl Amundaray. Él, sonriente y bromista como siempre,  me decía que lo ideal para nosotros los actores era “grabar como extras y que nos pagaran como protagonistas”,  una travesura atrevida de su  imaginación  que nos hacía fantasear con otras maneras de actuar y de destacarnos sin tener que ceder tanto de nuestro tiempo y vida al oficio que amamos. ⁣

Un día llegó la propuesta de conducir  un programa llamado “Vida en Armonía”. Era un piloto, un ensayo de programa con casi cero recursos y una producción muy básica. Me pareció un intento original,  interesante y útil, hacer una revista audiovisual como aquella,  que  buscaba presentar  diversos contenidos, todos con el propósito de proveer inspiración a la audiencia.  Se trataba, sobre todo, de brindar herramientas para lograr llevar una “Vida en Armonía”, descubriendo lo útil, lo mágico y lo motivador que palpita en  nuestra cotidianidad, a través de nuestras faenas domésticas y de la simplicidad del día a día. El programa nos invitaba a explorar cómo nuestros sentidos están vinculados íntimamente con lo divino que existe dentro cada uno de nosotros, así como a nuestro alrededor y la  capacidad que tenemos  para despertar  nuevas fragancias y colores en el día a día de nuestras vidas. ⁣

Ese programa resultó una fascinante revelación, una auténtica bendición, pues me mostró lo que para mí fue un invalorable reconocimiento: cómo encontrar  la autenticidad en el entorno cotidiano,  cómo tener una existencia auténtica,  la forma más personal de reverencia, adoración y también de creatividad.⁣

Al día de hoy, debo decir que «Vida y Armonía» es ahora uno de mis más apreciados recuerdos laborales, por la utilidad de lo tantísimo  que me enseñó, por las muy valiosas personas con las que compartí y de las que tanto aprendí. Fue a partir de allí que empecé a tener  más inquietudes en temas como la aromaterapia, la meditación, el Reiki, el Feng Shui, los Cristales y sus beneficios, el Yoga,  y tantas otras prácticas que forman parte del abanico del llamado mundo  esotérico,  o lo que muchos otros llaman “New Age”. ⁣


Aclaro que no soy Gurú, ni pretendo ser consejera ni guía espiritual, mucho menos adentrarme en asuntos religiosos. Se trata tan sólo de compartir  y de  acompañarnos en estas experiencias, por estos caminos de vida, entendiendo la vida como un jardín, como una peregrinación, un viaje  donde descubrimos que la más mundana de las tareas domésticas adquiere una cualidad mística cuando activamos nuestra conciencia  divina   y el agradecimiento de nuestro corazón. ⁣

Fue a través del programa Vida en Armonía como descubrí que  ya ese “Hacer” y esa búsqueda y deseo de “lo extraordinario”,  no me llenaba y, al contrario,  me provocaba un gran vacío, porque se intensificaba en mí el sentimiento de que aquellas largas esperas en los camerinos, eran un desperdicio de vida que estaba sacrificando en el altar de la ambición personal. Con esos aprendizajes, experimenté en mi interior una rebelión que sólo alcanzaba la paz cuando me entregaba libremente a actividades sencillas y simples, descubriendo que mis horas y  mis tiempos en esa paz no eran  facturables. Después de eso, lo único que  anhelaba era  ¡ser la dueña absoluta de mi tiempo! , sin presiones, sin demandas, sin necesidad de pensar ni de sentir nada, sólo entregada  a una contemplación casi como una forma de oración, experimentando gozo y gratitud ante un atardecer,  ante la belleza de una planta,  por compartir con mi hijo, con mi esposo, por acariciar a mis Gatos o la perra, y ni hablar del rito extático de beber mi  café cada mañana sin el agobio del tiempo escaso. ⁣

Lo de “Vida en Armonía” me gusta por lo que significó para mí y para mi mejoramiento personal aquel programa que me enseñó a mirar la vida como una experiencia de búsqueda y de ejercicio  permanente de equilibrio, tal y como ocurre en la naturaleza que nos rodea y de la cual formamos parte. ⁣

Cuando no podemos  acceder a nuestros recursos internos, llegamos a la falsa concepción de que la felicidad y la realización personal proceden únicamente de acontecimientos externos, cuando, en realidad, poseemos la capacidad  y la fuerza necesaria que nos permiten afrontar los altibajos de la existencia.

Te invito  al viaje interior  de invocar una “Vida en Armonía”⁣ para  descubrir el  universo de herramientas que  hacen de nuestra travesía un viaje más bonito y llevadero.

Autor: Carolina Perpetuo

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